
Eduardo Vasco
Oriente Medio es un barril de pólvora. Y está a punto de explotar.
Escríbenos: infostrategic-culture.su
No hay forma de alegrarse con la guerra defensiva de la República Islámica de Irán, provocada por los bombardeos criminales de Estados Unidos e Israel. Entiendo a quienes lloraron a las víctimas del genocidio en Gaza, pero ya es hora de ir más allá del llanto. Aunque Hamás haya impuesto duras derrotas e impedido la consecución de los planes sionistas para Palestina, la reacción de Irán al ataque que sufrió es mucho más devastadora para Israel y Estados Unidos, y eso solo puede animar a quienes se oponen a la esclavitud impuesta a los pueblos de Oriente Medio por la dominación imperialista.
De hecho, la guerra de los iraníes es una guerra por la independencia completa de su país y de la región, y esta guerra antiimperialista y popular es una guerra revolucionaria. Una guerra revolucionaria como la de Hamás en Gaza desde octubre de 2023, pero de proporciones mucho mayores. Al destruir la infraestructura militar de Estados Unidos en la región, Irán está dando una contribución sin precedentes a la expulsión de las fuerzas imperialistas de Oriente Medio y, por lo tanto, a la liberación de todos los países de la región del yugo colonial de la OTAN.
Es una guerra contra todo el sistema imperialista internacional. Y el imperialismo europeo lo sabe, lo que quedó demostrado en la declaración conjunta de Francia, Reino Unido y Alemania en apoyo a Estados Unidos y amenazando con intervenir directamente en el conflicto. O en el envío del portaaviones Charles de Gaulle al Mediterráneo, en el pronunciamiento público de Keir Starmer y en las declaraciones de Friedrich Merz. Existe un apoyo total de las llamadas "democracias" europeas a la acción ilegal, terrorista y colonial de Estados Unidos.
Teherán comprende que está librando una guerra contra todo el régimen imperialista. Y tiene el coraje de librarla. Bombardeó objetivos franceses (Camp de la Paix, en Abu Dabi), italianos (al servicio de la OTAN en la base de Ali Al-Salem, en Kuwait) y británicos (la base aérea de Akrotiri, en Chipre), además de instalaciones estadounidenses en los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Catar, Kuwait, Jordania, Irak, Baréin, Omán, Siria y Chipre. Creo que todavía no se puede garantizar que todos los ataques hayan ocurrido o que hayan sido realizados por Irán -como, por ejemplo, las acusaciones de que intentó atacar objetivos en Turquía-, pero es innegable que los iraníes tienen el objetivo de generar el máximo de daños a la presencia imperialista, si no expulsarla totalmente. Instalaciones civiles, como embajadas, pertenecientes a las potencias agresoras también están siendo alcanzadas -y es sabido que la infraestructura civil sirve de apoyo a la dominación colonial, que no es solamente militar, sino también política y económica.
Estos ataques tienen una serie de consecuencias potenciales extremadamente positivas. Si destruyen esa infraestructura, las naciones imperialistas no tendrán cómo operar plenamente en la región. No tendrán apoyo logístico para sus misiones de infiltración, espionaje, soborno, subversión y control militar y político. Su personal militar tendrá que ser trasladado fuera de Oriente Medio o, como mínimo, encontrar instalaciones improvisadas sin la infraestructura adecuada para su trabajo. Irán está desorganizando completamente la columna vertebral de la presencia imperialista en la región, que son sus bases militares. Las bases militares, con tropas, equipos, aviones y otros vehículos, son como un cuchillo en el cuello del país anfitrión: si su gobierno se sale de la línea impuesta por el imperialismo, será derribado por un golpe sin la menor dificultad. Ese instrumento de presión y chantaje está desmoronándose.
Otra consecuencia es que, dada la facilidad con que estas instalaciones civiles y militares están siendo alcanzadas, sectores de la élite política y militar de cada uno de estos países comiencen a cuestionar la eficacia de la tecnología comprada a Estados Unidos y a sus aliados -cuyas negociaciones son impuestas y cuyo precio es altísimo, perjudicial para las propias finanzas de estos países-. Irán está mostrando -como lo mostró el propio Hamás con los ataques a Israel y como lo mostró Teherán en la guerra del año pasado- que los sistemas de defensa vendidos por las naciones imperialistas son dinero tirado a la basura. Los dirigentes políticos de estos países títeres fueron engañados por Estados Unidos y engañaron a sus subordinados para poder realizar esos acuerdos multimillonarios.
Más importante aún que abrir la mente de las élites políticas y militares, que no pasan de ser lacayos de Estados Unidos e Israel, es concienciar y politizar a los pueblos de estos países oprimidos. E Irán está haciendo eso, como ya lo hizo la Resistencia Palestina desde 2023. Aquellos que oprimen a estos pueblos -las fuerzas de ocupación y sus títeres- no son invencibles. Son gigantes con pies de barro. O, como decía Mao Tse-Tung: el imperialismo es un tigre de papel. Aunque todavía consiga mantener un gran poder de destrucción y opresión, esa fuerza se está desgastando rápidamente desde la revolución talibán de 2021. La Operación Militar Especial de Rusia lo mostró muy bien. Incluso la Operación Diluvio de Al-Aqsa reveló las fragilidades del dominio imperialista. Y ahora la guerra liberadora de Irán.
El gobierno estadounidense está gastando casi mil millones de dólares por día en la guerra. ¿Quién recuerda lo que ocurrió tras años de la Guerra de Vietnam ? Una bancarrota extraordinaria en la economía estadounidense y en el mercado internacional. Pero hace 50 años el sistema financiero imperialista todavía tenía algún margen. Hoy ya no es así. La deuda pública de Estados Unidos se está volviendo insostenible y los temblores en el mercado de materias primas y de algunos de los ítems más preciosos para la economía capitalista, como el petróleo y el gas, tienden a generar una crisis de mayores proporciones que aquella. La economía estadounidense no soporta otra guerra prolongada como la que la nación persa está dispuesta a imponer al imperialismo.
Ya se habla de una escasez inminente de armas, municiones y equipos para la agresión contra Irán. Estados Unidos perdió mucho incluso contra los descalzos y valientes hutíes; qué decir de lo que está por venir contra la poderosa Guardia Revolucionaria Islámica. Las guerras genocidas llevadas adelante por Estados Unidos e Israel y sus más abominables métodos criminales esconden que la presencia imperialista se está debilitando cada día en Oriente Medio. Esa tierra será la tumba del imperialismo mundial. Sobre todo cuando las organizaciones revolucionarias se adhieran abiertamente a la guerra de independencia, como están esbozando Hezbolá y las Fuerzas de Movilización Popular de Irak -o como se está gestando una rebelión dentro de los regímenes títeres del sionismo, como en Baréin.
La expresión es bien conocida, pero nunca está de más recordarla: Oriente Medio es un barril de pólvora. Y está a punto de explotar. Esa explosión hará saltar por los aires toda la dominación imperialista y liberará finalmente a los pueblos de esa región. Todo eso gracias a la acción revolucionaria de Irán.